El que espera una llamada


Santa Lucia Cotzumalguapa, lunes 8 de julio de 2013

 Querida Jeammy. ¿No es con un “querida” como empiezan todas las cartas? Podría haber usado cualquier otra palabra y pegarla a tu nombre, pero cada día que pasa estoy más convencido de que tú nombre también es parte de esa particular frase y no las puedo separar. Podría decir “querida luz de mis ojos” o “querida ninfa” o sencillamente “querida”, hasta ese punto no estaría mintiendo, y en el reglón siguiente contarte las cosas que pienso cuando estoy solo junto a mis libros, o cuando estoy triste, o cuando estoy alegre, que son más, o en esencia contarte las razones que me llevan a escribirte esta carta ¡la tercera! la segunda que te entrego.

 No sé ni dónde vives y ni si quiera sé si tu nombre en realidad se escribe así “Jeammy” podría ser “Yaimi” o “Jeimy” en los nombres propios no hay reglas, en fin, solo pretendo contarte las razones que me motivan a escribirte de nuevo, me intriga en realidad tu respuesta a la primera de mis cartas, me intriga saber si la leíste o no, o si la leíste de noche, o si cuando la leíste te reíste o te dio rabia, me intriga saber si la leíste una vez o la leíste varias veces. Ese tarde en cambio, solo, esperé que tuviera el valor de poder dártela, acá en la oficina todos te conocen, pero ninguno quiso presentarme contigo (lo cual hubiera sido lo más correcto), sin embargo no me arrepiento. Me intriga saber cuántas veces has sonreído desde la última vez que te vi, me intriga saber si estás bien, me intriga en definitiva “todo de ti”.

 Cuando te di la primera de mis cartas, se me juntaron varias sensaciones: felicidad, asombro, extrañeza, incredulidad. Yo no entendía. Nada encajaba, todo parecía una utopía, todo sonaba a disparate. Y luego cada día que pasaba sin saber de ti, sin poder comunicarme contigo o siquiera poder esperarte a la salida, pensaba que en el peor de los casos pudieras odiarme y no querer saber nada de mí, en el mejor de los casos que pudieras llamar o escribirme al correo. He estado más de diez días pegado al teléfono esperando a que un número desconocido llame y pueda contestar, he contestado a todos los números desconocidos que llaman a mi celular y todos tienen algo en común, no eres tú.

 Estoy escribiéndote con la ilusión de que puedas responderme, me gustan las buenas tradiciones, me gusta cortejarte, quiero pretenderte y escribirte diatribas llenas de palabras bonitas, elegantes, y demás… bueno eso en realidad ya no sería una diatriba, pero la idea es esa. Ahora mismo solo espero verte esta tarde y darte estas palabras que son tuyas. La semana pasada que no vine al ingenio le preguntaba a todo mundo por ti, ya sin disimulo, con desespero. Esa es la fue la diaria realidad.

 Sin embargo la idea simple de que esta carta y el lenguaje que estoy utilizando refleje pasivamente un mundo coherente, importante y objetivo no es aceptable, en mi realidad mis pensamientos son tuyos, mi deseos, mis sueños, mis ganas, todos son tuyos. Pero no estoy seguro de que tu quieras que te pertenezcan. Entonces si no estoy seguro, sino tengo su dirección, si ni siquiera sé como se escribe tu nombre ¿Porqué te escribo una carta que no sé si leeras? ¿Una carta de la cual quizá, voy a ser el único lector? No creas que no me he preguntado mucho qué sentido tiene que yo termine leyendo lo que quiero que oigas.

 ¡Por favor respóndeme!

                                                                         Con mucho cariño Yefrin.

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