Otra vez yo.


Santa Lucia Cotzumalguapa, 26 de junio de 2013

 

La perentoria de tu respuesta ha parecido infinita, incalculable y hasta insoportable. Han pasado apenas unas horas y no sé, que pudiste haber pensado. Siendo sincero y al contraste de lo anterior,  creo que alguien en tu lugar pensaría que “un tipo que no me conoce y que me habla por primera vez con mucho nerviosismo y simplemente me dirije 24 palabras, ha de ser un completo idiota”. Efectivamente Jamie soy un idiota, antes de hoy el tiempo me había parecido que se medida en minutos y segundos, ahora sin embargo me parece que un segundo es la medida exacta que corresponde a extrañarte verte tanto.

No tengo la idea exacta de como sería, que tú en alguna ocasión puedas siquiera dirigirme la palabra, no enarbolo la simple articulación de como contestarte a una simple frase que pudieras dirigirme, seguro te diste cuenta que soy un tipo tan tímido que para poder decirte algo tan serio y profundo uso un cuento para explicarte en definitiva lo que sentía. Te aseguro Jamie que mis intensiones son tan serias, como las ganas mismas de vivir. Sin embargo esta noche que se ve estrellada, en la que he bebido de manera calculada y con intenciones de embriagarme para pasar esta noche infinita lo más pronto posible, lo único que recuerdo es el rostro de sorpresa que tenías esta tarde. Estoy escribiendo a la concordia de un tipo llamada Franz Lizst, era el músico preferido de mi amado abuelo y en el que puedo viajar a tiempos pretéritos en los cuales la vida era más fácil. Aquel tiempo en el que jugaba en la calle, en donde volaba barriletes, jugaba con canicas y trompos.

Te digo, la vida es una sinfonía de alegría y penas en la que la nota principal de la pieza es la felicidad y que en una analogía inequívoca, estricta y real sería la Rapsodia Húngara, una pieza por demás única,  en la cual la agonía se hace presente y en donde le tiempo se detiene manera indiferente. No sé de ti a estas horas y estoy absortó, tengo pegado el teléfono y sé que no vas a llamar,  y sé que nunca lo harías, sin embargo guardo una esperanza que en términos científicos y estadísticos sería un evento con una ocurrencia casi improbable. Estoy acá pensando en que decirte y lo tonto que me vería con una sonrisa tonta frente a una chica bonita. No quiero abrumarte y lo menos que quiero, es asustarte, lo único que pretendo es decirte frente a ti, frente a la camisa celeste que en grande y con letras verdes dice “La Unión”  que lo único en que pienso a estas horas, es saber tus pensamientos que en la distancia tienes en respuesta a la carta que te entregué ayer, pensar en lo que habrás pensado de mi y como al inicio lo plantee que has pensado de mis palabras que escribí y si mi objetivo que era único en transmitir lo mucho que me gustas, habrá calado en ti, en lo mucho que me gustas y lo mucho que quiero tratarte para pretenderte. Eso me lleva a la historia del famoso Ulises, que mientras caminaba hacia Itaca no se dio cuenta de lo hermoso que era el paisaje y lo lindo que ocurría en el trayecto mientras caminaba.

Jamie, es la tercer vez que te nombro e imagino tu linda sonrisa (no tienes idea), lo cierto del caso es que estoy esperando por una respuesta y un noche se me hace eterna, aún bebiendo unas cervezas y cocinándoles a mis amigos parece que el tiempo transcurre con discreta benevolencia, y de repente se me ocurre que quizá, puedes y solo quizá darme una oportunidad de salir conmigo y decirte y contarte todas aquellas cosas que no me atrevo ni a escribir.

Con mucha deferencia y cariño, Yefrin.

 

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