Feliz diez mil días –antología de recuerdos-


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Feliz diez mil días –antología de recuerdos-

Siempre que cuento esto, me es imposible no sonrojarme porque la historia me pertenece y es un tanto especial. Todo inició en el año de 1985 en el mes de febrero, cuando mi padre al que respeto mucho, le propuso a mi madre (a quien en vida la quise mucho) tener una cita el día 14 de febrero para celebrar el día de San Valentín, ambos concordaban que ninguno tenía planes de que aquello trascendiera de una taza de café y uno cuantos versos de Antonio Machado. El caso es que mis padres tuvieron relaciones sexuales ese San Valentín y de ese episodio nueve meses después nací yo, un 16 de noviembre de 2012 a las 5:25 hr. en el pueblo fundado por mi tatarata-abuelo Juan Chávez en 1531, en San Antonio Aguas Calientes, según me dicen ese día nacieron todas las flores y en la pila del bautizo, cantaron todos los ruiseñores.

Mis primeros años transcurrieron de manera abrumadora, empecé a caminar a los 11 meses y en diciembre de 1986 dije mis primeras palabras, como casi todos lo primero que dije según contaba mi madre fue “mamá”, mi padre afirma que lo que en realidad dije fue  “papa”, a ciencia cierta ninguno parece tener la seguridad total, de tal afirmación, y yo, no lo recuerdo. Mi madre contaba que  por las  tardes me leía, juntos escuchábamos a J.S. Bach, Beethoven, José Luis  Perales y  a Julio Iglesias,  también mi padre cada vez que tenía tiempo me leía, pero él, me contaba historias de Gabriel García Márquez o de Miguel Ángel Asturias y hasta de José  Milla y Vidaurre, el único que hoy puedo decir que me gusta y he leído a detalle es Pepe Milla. Mi madre afirma que la primera novela que yo escuché fue “La dama de las Camelias” de Alexandre Dumas (hijo) y que los primeros cuentos que llegaron a mi conciencia han de haber sido los de Lemony Snicket, todos en casa esperaban que fuera una mezcla de Violet y Klaus.

Me compraron todos los juguetes del mundo, mi padre compraba balones de fútbol y mi madre osos de peluche, me compraron cientos de juguetes y ambos me seguían leyendo, aunque no lo recuerdo, aún guardo algunos de los juguetes de aquella época, los demás los perdí como cualquier niño.

Francamente en casa vivíamos una época de romance, aunque con muchas limitaciones financieras que no fueron impedimento para demostrarnos amor y cariño, hasta que por aquellas fechas a mi madre se le ocurrió celebrar mi primer cumpleaños, aquella noche fue “especial y anecdótica”, yo me dormí temprano y al cabo de unos minutos de un arrullador y noble canto de el tradicional coco, mi padre me dio un beso y así el 16 de noviembre de 1986 cuando mis padres me veían frente a mi cuna, volvieron a sentir el deseo de tener otro integrante de la familia. Y así frente a mi cuna viéndome dormir, tomaron la decisión de tener a Lariza.  De esta manera nueve meses después nació mi hermana y por arte de magia yo dejé de ser el centro de atención, ya nadie me llamaba nene, ahora había una nena, quizá la más hermosa, sin duda la hermana más linda y buena del mundo.

Por aquellas fechas yo molestaba mucho, mi madre que era maestra siempre trataba que yo empezara a leer, -lo más pronto posible- decía, no había que desaprovechar nada. Y cuando cumplí años en 1990 celebraron por primera vez mi cumpleaños de manera pública (creo de que esos recuerdos vienen la idea de no celebrarlo y vivir cada día al máximo), se dice, se rumora que en aquel pueblo fue la fiesta más grande que hasta esa fecha había suscitado por aquellos lares, de aquel día solo tengo recuerdos por medio de fotografías, en esas fotografías se asoman uno de los personajes muy importantes en mi vida, mi primo Euler Carlos, su nombre se debe al famoso físico que ahora con mi profesión lo conozco bien con sus tratados en el campo hidráulico, hidrológico y estadístico. Hasta donde yo recuerdo aquellos años fueron lindos, sin preocupaciones más que las de jugar. No me gustaba el fútbol, cosa que a mi padre lo hacía sufrir porque a él, todo mundo lo quería en su equipo, cuentan que fue uno de los más grandes goleadores de las ligas de fútbol en las que jugó, me hacia ir cada domingo a sus juegos y siempre me decía que el Barcelona era el mejor equipo del mundo, recuerdo que fue una decisión difícil porque yo amo a mi padre, pero por aquellos días vi jugar a un español que usaba el número 7 en el dorsal y que lo apodaban el Buitre y que sin duda era un jugador maravilloso, formidable y lustre como pocos, con una historia en el dorsal impresionante (recuerdo que me contaron era la de Juanito maravilla), con mucha sinceridad debo decir que lo que impacto fue el color de su uniforme, que brillaba en la televisión, se veía lindo, la imagen incólume. Lo que en realidad me impactó aquel día fue ver que este equipo había perdido contra el Barcelona y cuando marchaban hacia los vestidores el 7 magnífico extendió la mano, se supo perdedor y felicitó al equipo contrario, el Barcelona de Cruyff. De aquella escena que recuerdo muy bien nació mi afición por el Madrid. Y desde entonces le voy al Real Madrid.

Esos días de afición fueron muy importantes porque también inicie a jugar fútbol, nunca deje de acompañar a mi padre a sus partidos de fútbol, pero cuando regresaba la única ilusión que tenía los domingos era acudir a una cita con mi primo querido Euler para jugar, él por aquella época le iba al Barcelona (hoy dice que le va al Madrid). Yo siempre he tenido un carácter fuerte y nunca me ha gustado perder, me deprimía cada vez que perdía. Y casi siempre Euler era mejor que yo, me ganaba justamente, su padre me apodó Stoichkov, en alusión a un jugador búlgaro que se enojaba mucho y su carácter era parecido al mío, quizá un poquito más calmado. Toda mi familia decía que yo era igual y que debería aprender a perder, al fin de cuentas no siempre se puede ganar, yo, sin embargo recuerdo que cada vez que veía que ya no tenía oportunidad de ganar me enojaba y me ponía a llorar, Euler me tuvo tanta paciencia que nunca reclamó nada, por eso he considerado que él es el mejor de mis primos, el más cercano y el más querido.

Pero como todo y todos creció y de pronto Euler tenía las novias más bonitas de La Antigua G. y en 1996 dejé de ir a su casa a jugar porque el ya no tenía tiempo, así, dediqué más tiempo a otras actividades como sentarme frente al televisor y a leer mis primeros libros. De ver programas de televisión se formó mi pasión por el béisbol y sobre todo por el mítico equipo de Boston, los Red Sox, de los cuales tengo muchas historias, que quizá cuente en otra ocasión, al igual que de los Patriots. Aquel año, también me enamore de Ingrid, una compañera de clases. Por aquella época yo ya tenía una televisión en mi habitación y veía Candy y Heidi, también me divertía mucho con los Caballeros del Zodiaco, Voltrón, Ironman 28, G.I. Joe, los Transformers, la Familia Biónica, los Halcones galácticos, entre otros, por alguna extraña razón yo me enamore de Candy y su representación en la vida real, por los colochos supongo, de Ingrid, ella nunca lo supo, y esa fue mi primera decepción en ese campo tan hostil, como difícil. En realidad el final de esa historia se repite en mi vida en reiteradas ocasiones, pero algunas de esas historias me recuerdan que he vivido intensamente y que a pesar de las circunstancias tengo un corazón.

Voy a saltarme 10 años, porque aunque me parece que de ese período se desprende la historia más relevante y por lo tanto una parte muy triste de mi vida, sin embargo también conservo algunos recuerdos de intensa alegría, que seguramente hoy son bastiones importantes de mi carácter y sin duda son el sello de lo vivido.

Así que los contaré que ya en la universidad me enamoré reiteradamente, uno de las chicas más lindas de las que me enamoré y que nunca llegué a confesar lo que sentía era Jeniffer. Nunca le revelé aquello porque siempre valoré su amistad y además ella tenía novio cuando esto sucedió. En realidad no sé porqué razón me gustaba, recuerdo si, que ella fue la que de manera inconsciente me enseñó algunas de las leyes y aplicaciones más importantes de la estadística moderna, jugando cartas. Antes de que me gustara, recuerdo que siempre fue muy noble conmigo, yo siempre me esforzaba en tratar ser agradable  aún cuando se cortó el pelo y se lo dejo chiquito yo afirmaba que se veía espectacular, así era por aquel entonces, un tipo que en cada oportunidad de hacer grupos para las tareas, la escogía a ella. Sin embargo nunca dije nada y esos sentimientos al fin pasaron. Porque por aquellos años también me enamoré de Sori y esa es una historia que no les voy a contar, ese sentimiento también pasó, justo antes de iniciar con mi tesis de grado.

Durante mi tesis, me enamoré de María José y se lo dije de la manera más rara que pudiera existir, se lo dije por un chat… realmente soy muy tímido, ella rotundamente me rechazó, más tarde de nuevo volví a querer en demasía a Sori pero ella es una ingrata (no de mala manera, pero al fin ingrata) y entonces tuve que replantearme mis objetivos y ver mi realidad.

Después de todo y a pesar de ello aquí estoy, cumpliendo 10,000 días de vida y como cada cumpleaños celebro en la soledad de mi habitación junto a dos botellas de vino y un queso. Aquí estoy tratando de decidirme el día que le diga a Lucia P. que me gusta mucho y pedirle que salga conmigo… acá estoy con esta historia que no termina y que solo es una parte, una pequeña parte, de la cual presumiblemente mañana me arrepienta de haberles contado.

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