En memoria de Guillermo Méndez Beteta



En memoria de Guillermo Méndez Beteta

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Viernes 08 de marzo de 2013

 

Te conocí en el último año de mis estudios en la Universidad de San Carlos de Guatemala, recibí tus clases durante un semestre, el cual se nos hizo demasiado corto, creo sin duda que durante ese semestre aprendí en demasía. Sin embargo lo que más recuerdo de aquel semestre y con mucha alegría fue considerarte al fin un amigo, es que fuiste muy inteligente, erudito y mordaz, nos remitías a la sorna de tus maestros y a las diatribas de nuestra sociedad. La verdad de todo esto, es que lamento no haberte escrito antes y dicho esto en vida, pero ya sabes como somos, dejando pendientes por doquier y postergando cosas y momentos y luego nos arrepentimos. ¡Vaya que lo hacemos!

Aunque siendo sinceros, no me arrepiento,  te visité en el hospital y charlé contigo un par de minutos en los que te dije lo mucho que te apreciaba y  lamentaba que una persona tan buena como tú, tuviera que pasar por esa incesante agonía. Batallaste mucho, tu familia y tus amigos lo saben bien. Decía Dario que todos tus contemporáneos te llamaban “Perlita”  ¡Vaya que lo eres! Y como tal, nos ganaste esta partida, aunque hoy nos parece injusto.

Acá todos recordamos que siempre fuiste un hombre comprometido con tu País, con la sociedad y la creación de nuevas formas de investigación y extensión, del bien por el prójimo y muchísimas más lecciones que nos diste y aún hoy, das. Vale la pena recordar, recordar tus ideas, tus ideales y los pensamientos en torno a la realidad en la que vivimos, muchos de tus alumnos trataremos de no olvidarlas, tus amigos trataremos de postergarlas y transmitir a los demás.

Tu ausencia física nos afecta a todos, ello mismo es la fuerza que nos impone y se transfigura en tu presencia espiritual. Estando ausente, estas con nosotros en cada uno de nuestros pensamientos y emociones. En verdad llevo ya más de dos horas conversando contigo con el pensamiento, trato de recordar muchas de las cosas importantes que decías en tus charlas…

Te debo mucho Guillermo y la facultad, toda, no cesa en reconocer tus cualidades y tu talento. Quiero terminar con algo que dijo el mexicano Carlos Fuentes:

Qué injusta, qué maldita,

qué cabrona la muerte

que no nos mata a nosotros

sino a los que amamos.                                       

 

                                                                             Yefrin M. Chávez, Ing.

 

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