La Sonrisa de Madonna (una carta de un idilio perdido)


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Miércoles 02 de mayo de 2012

Desde un rincón del oscuro  y frío infierno

 

Querida sonrisa de Madonna del notable Botticelli

 Es muy temprano, pero parece muy tarde, en el cielo no se puede ver el Cinturón de Orión se observan otras constelaciones en estas fechas, pronto podré verlas. Desde que conozco esta constelación una de las estrellas lleva tu nombre, también la llevan Majo, Casta, Jenny, Montejo, Jorge, siempre he creído que a mis amigos nunca he de olvidarlos y la mayoría de noches los puedo ver conmigo. Contemplar las estrellas es una cuestión fantástica y maravillosa, y me recuerda que ustedes mis amigos existen y que quizá también puedan recordarse de un tipo como yo. Sin embargo acá estoy tratando de pedir más de lo que merezco, a quién quizá no tenga ninguna obligación de hacerlo y quizá no quiera hacerlo. ¡Quizá no pida nada!

 Aún recuerdo el primer día que te vi, si pudieras verme y vieras esta sonrisa, sabrías que te quiero. Debiste haberte visto aquel día, entrando al edificio aquel, junto a tu amiga más cercana en esa época. No puedo negar que el primer pensamiento que vino a mi mente era “lo precisa y maravillosa que te veías y dabas cada paso”. No tengo duda que tu también hubieras perdido el equilibrio, verte así, subir las escaleras en frente de la casita verde, connotaba y hacía que el universo pareciera injusto para los demás humanos, no creo justo que ese momento les fuera negado. No tengo idea de lo que escribo, quizá sea el sueño, quizá sea la promesa que hice hace unas semanas de no volverte a llamar y de tenerte hasta el fin de los días solo como amiga. Realmente no me molesta esa idea, quizá no te parezca que sea un buen tipo, porque quizá nunca te dije nada. Siempre tuve alguna esperanza, pero hoy que estoy a punto de ponerle fin a esta historia, porque has de saber que he soñado contigo, porque has de saber que guardo cada encuentro contigo lleno de alegría, has de saber que le pedí a Dios que pudieras ser feliz y que me ayudara a olvidarte.

 Es raro, escribirte una carta, nunca lo había hecho para ti, hay quien piensa que es de las mejores cosas que hago, también hay quienes no lo aprecian. Para ser sincero, también recuerdo el primer día que te hablé, estabas hablando con un querido amigo en las gradas del segundo piso cerca de la decanatura, ese día al fin pude darte un beso en la mejía (bueno tu me lo diste). Con mucha efusión recuerdo el día que en realidad te conocí tu rostro denotó la expresión mas dura que he recibido de alguien, cuando dijeron que nosotros seríamos una pareja para el resto del curso. Sin embargo no me importó, nunca juzgo a las personas sin antes haberlas tratado y fuiste mi compañera de curso, en aquellos días del lejano año 2007.

 Creerás que estoy loco, no lo sé. En este momento cuando estoy a punto de ponerle fin a las falsas esperanzas que un día yo alimenté, no importa mucho. No tengo intención de darte esta carta, al menos no por ahora, quizá algún día puedas leerla como yo y te puedas dar cuenta de lo mucho que te quiero y que te ame. Me parece que no he amado a nadie con tanta insistencia a lo largo de mi vida y con tanta discresión. Siempre estuviste para mi cuando te necesité, recuerdo muy bien aquella noche que contestaste, me parece que el primer día del mes de marzo de este año, cuando lloraba por otra persona, tú me escuchaste, me comprendiste y  oraste conmigo, luego quedé dormido… profundamente dormido, y salve aquel maligno día.

 No comprendo a ciencia cierta los motivos que me llevan a este punto, como te dije, nunca te escribí, cosa que me parece muy raro. Hubiera querido cambiar eso, pero no se puede y me conformo con empezar a escribirte el día de hoy. Aunque como antes dije, a mi me parece muy tarde, aún si tu puedes considerar que es temprano para ello. Debes estar segura que le he pedido a Dios que puedas ser feliz y que olvides a todos los idiotas que has conocido y que algún día puedas tener muchos bebés y una gran familia y puedas recordarme como tu amigo.

¿Qué extraña fuerza envuelve mi corazón, que deja mis razonamientos hechos trizas y con ello mi voluntad?

 Pues bueno mi querida Sonrisa de Madonna del notable Botticelli, te estoy confesando en esta carta que estoy enamorado de ti, no hablo de que me estoy enamorando, habló de que lo estoy y que te guardo un gran espacio en mi corazón, pero quizá esto no sea suficiente. Nunca a lo largo del tiempo ha sido suficiente, ahora mismo he de confesarte que escuchó una de las sinfonías más hermosas que se han escrito, seguramente no la conoces, pero espero que algún día la escuches, es la famosa quinta sinfonía de Chaikovsky, en alguna ocasión escribió sobre ella como ¿Ha comenzado el principio del fin?, en mi opinión, parece más un puente que enlaza lo lúdico con lo real, la tradición con la innovación, la ternura y la agresividad, y mucho más. Y ese es el trance del que ahora me percato en esta interminable agonía que he sufrido, nadie más que yo es culpable de ello y ahora decido parar.

 Así de dramático y terrible es mi caso y en esta carta solo quería plasmar mil palabras, que juntas explicaran un poquito lo que siento y que cuando tu las leyeras, pudieras sentir un poquito lo que yo ahora siento. Sin embargo y dada la brevedad de este contexto y el fin de la misma:

 ¡Solo quiero que sepas hoy que ha pasado tanto tiempo, que te quise, te quiero y que presumiblemente te quiera! Y aunque creo que no me será fácil olvidarte, lo intentaré. 

Siempre esperaré por ti.

 

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