La probabilidad de conocernos


Colaboración de: Maricela Rosales[1]

 

Hace unos días pude leer este post de la mencionada autora, post que me encanto y que ahora quiero compartir con ustedes, espero puedan disfrutarla tanto como yo lo hice, espero sea de su agrado:

 

¿Qué es el destino? Para mí el destino es un cúmulo de casualidades; una sucesión de tantas casualidades que dejan de ser una casualidad para convertirse en una causalidad.

 

En la vida dar un paso es la base que nos permite dar otro paso y a continuación de éste otro y otro… Así vamos abriendo camino. Camino que podemos cambiar de dirección y de sentido a través de nuestras decisiones, elecciones y acciones.

 

Pero… ¿Qué cosas de nuestras vidas podemos controlar y qué cosas están fuera de nuestro alcance?

 

En la vida casi todo son probabilidades y en la inmensa mayoría son probabilidades tan remotas que si nos paramos un segundo a pensar son casi imposible que ocurran, pero sin embargo ocurren. ¿Por qué? Porque tiene que ser así; porque la vida está compuesta de probabilidades pequeñísimas que sin embargo ocurren. Si no ocurren unas cosas determinadas ocurrirán otras distintas, pero la probabilidad de que ocurran estas cosas distintas sería exactamente igual de remotas.

 

Empecemos por el principio. De entre los millones y millones de espermatozoides camino al óvulo hay uno en concreto que logró fecundarlo y nací yo. ¿Cuál es la probabilidad de que fuese justamente ese espermatozoide el que tuviera éxito de entre todos los que había? Si hubiese sido cualquier otro no habría nacido yo, sino otra persona. ¿Y si el óvulo no hubiese sido ése en concreto? Si hubiese sido otro óvulo en otro ciclo menstrual…Tampoco hubiera nacido yo, sino otra persona. ¿Y por qué en 1979 y no en 1312? ¿Y por qué en este lugar del mundo y no en cualquier otro? Podríamos haber nacido en Mali y ser uno de tantos niños desnutridos que mueren a causa del hambre…

 

Hay muchas cosas que no dependen de nosotros, y dentro de esas cosas que no dependen de nosotros hay cosas que sí dependen de nosotros; al igual que dentro de las cosas que dependen de nosotros hay otras muchas cosas que no dependen de nosotros.


Por ejemplo: Podemos acercarnos a ese hombre o mujer del trabajo y decirle que nos gusta; ¿a partir de ese momento qué puede pasar? Que no pase nada; que tengamos una relación durante un cierto tiempo, que pasemos una larga vida juntos, que nos divorciemos a los 20 años de casados, que decidamos no casarnos y vivir simplemente en pareja…que aunque nos haya dicho que no la primera vez, sigamos insistiendo (todos conocemos a alguna pareja que ha acabado saliendo gracias a la insistencia, al tesón, a la persistencia y a la pesadez de una de las partes que no ha parado hasta conseguirlo). Todo ello dependerá de muchos factores y circunstancias, pero lo que sí depende de mí en este mismo momento es acercarme a esa persona y decirle al oído que me gusta…o no hacerlo. Esa acción puede abrir una puerta, iniciar un camino nuevo o no iniciarlo.

 

¿Qué determina que justamente tú y yo seamos compañeros de trabajo y ahora nos conozcamos? Que seas justamente tú y no otra persona; que sea justamente yo…Si no fuésemos nosotros las 60 personas que trabajan aquí mismo serían otras 60 personas distintas.

 

¿Que por alguna razón se te haya ocurrido caminar por la acera donde te encontré justamente cuando decidí caminar por la misma acera? Hace más de 10 años desde la última vez que nos vimos…

 

Evidentemente hay infinidad de cosas que dependen de nosotros, que podemos elegir, modificar, decidir, buscar, provocar. Puedo elegir invitar a mis amigos a cenar a mi casa un viernes por la noche, salir una tarde a correr o quedarme en casa durmiendo una siesta, puedo provocarte una sonrisa si digo algo gracioso, puedo descolgar el teléfono y llamarte si quiero escuchar tu voz, puedo elegir comer pera o helado de postre, puedo elegir si este fin de semana me voy de paseo o me quedo, puedo intentar aprender un nuevo idioma para mí, puedo decidir crear un blog y escribir en él…todo ello puedo hacerlo o no hacerlo.


Pero no todo es controlable, siempre existe el factor sorpresa, lo que no depende de nosotros. Puedo decidir quedarme en casa una noche porque estoy cansada o salir por ahí. A lo mejor salgo y me encuentro con una persona a la que aprecio mucho pero que hace mucho tiempo que no he visto y nos quedamos hasta media noche charlando por la ilusión de habernos encontrado. A lo mejor me encuentro con mi jefe e intento evitar que me vea. A lo mejor no me encuentro a nadie conocido. Eso ya no depende de mí. Lo que sí depende es la decisión de salir o no salir.


Si decido comprarme un ipod puedo decidir qué características quiero que tenga (la marca, capacidad de memoria, con radio o sin ella…) pero a lo mejor al tercer día se rompe, sale defectuoso y tengo que cambiarlo.
¿Cuál es la probabilidad de que a una persona le caiga un rayo en la cabeza? mira que es grande la Tierra… y justamente ha de ser ahí, en el mismo lugar y en el preciso instante donde se encuentra esa persona. Y sin embargo ocurre…


¿Cuál es la probabilidad de que te toque la lotería? Mas bien poca, ¿no? Sin embargo a alguien le tiene que tocar, bueno, hay sorteos donde no sale ningún agraciado que se lleve el premio gordo, pero por lo general hay uno o dos agraciados por sorteo; y justamente esa persona y no otra ¿por qué? Porque a alguien le tiene que tocar. Lo verdaderamente extraño sería que en 100 sorteos no saliera ningún agraciado en ninguno de ellos.


Si no estudias para un examen casi seguro que repruebas; pero una vez vi como una chica aprobaba una asignatura sin haberse presentado. Se equivocaron al pasar las actas…

 

Una X en la opción C ó E en la pregunta 183 del examen de un licenciado en Medicina puede ser la causante y determinar si esa persona podrá realizar la residencia en el hospital que le gustaría, en la ciudad que le gustaría y en la especialidad que le gustaría o si tendrá que irse a otra ciudad, a otro hospital o simplemente elegir otra especialidad. Una simple X en un papel puede determinar toda su vida profesional, y quien sabe si también la personal a partir de ese momento. Determinará que conozca a unas personas y no a otras, que tenga a unos compañeros y no a otros, que se forme en un lugar y no en otro. Claro que también puede DECIDIR repetir el examen al año siguiente si no ha conseguido el objetivo que perseguía en éste. Pero repetirlo no significa que seguro vaya a conseguir su objetivo al año siguiente…


Está claro que nuestra actitud, nuestra forma de ser y las circunstancias que nos rodean influyen en que tengamos más o menos éxito; en que las cosas sean mejor o peor o simplemente en que sean de una manera o de otra. Una persona extrovertida, agradable, impetuosa, con iniciativa se relacionará con más gente que una persona apática, aburrida, callada e introvertida. Probablemente a la gran mayoría de la gente le caiga mejor la persona extrovertida y comunicativa que la persona introvertida. Gozarán más de su compañía, pasarán ratos más divertidos, la apreciarán más… Probablemente será capaz de pedir favores; de “echarle una mano” a muchos asuntos y situaciones, de atreverse a hacer cosas que la otra persona no haría por miedo o timidez.


Puede que para un puesto de trabajo se presenten a la entrevista varios candidatos mas o menos con una formación y una preparación muy similar entre ellos y los entrevistadores se decidan por una persona en concreto y no por otra simplemente por la “buena impresión” que les ha causado en la entrevista; es decir, por la actitud del candidato, por su soltura, porque siempre estaba sonriente, por la seguridad en las contestaciones, porque lo han visto con iniciativa, con simpatía y espontaneidad, con ilusión por el puesto de trabajo, porque es guapo/a y está mas bueno/a que el pan… Después esa persona sale del edificio donde ha hecho la entrevista (es la persona elegida para el puesto de trabajo pero aún no lo sabe porque se lo comunicarán al día siguiente), nunca toma el transporte público, pero ese día tomó el metro para ir a  la entrevista. Sale del edificio, se dirige a la parada de metro más cercana y sube en el primero que pasa en donde hay un asalto y resulta con una herida mortal. Ya nunca llegará a su casa…

 

¿Que dos personas se encuentren es una casualidad o es un destino? ¿Que sean los caminos de esas dos personas justamente los que se crucen entre sí de entre todas las combinaciones posibles? ¿El destino y el azar son cosas totalmente opuestas o van cogidas de la mano? ¿Nuestra vida está predeterminada o podemos dirigirla hacia donde queramos?

 

¿Cuál es mi opinión de todo esto? Todavía estoy en busca de saber si el destino existe o no existe. Creo que todo aquello que queda fuera de nuestro alcance y a lo que no podemos encontrar una explicación o un razonamiento lo llamamos destino. Creo en las probabilidades. Creo que por extraño que sea un suceso siempre tendrá alguna probabilidad de que suceda y si sucede, solo tenemos que intentar utilizarlo a nuestro favor. La vida es una serie de probabilidades enlazadas unas con otras.

Algunos sucesos tendrán más probabilidad de cumplirse que otros, pero si no suceden unas cosas determinadas sucederán otras cosas distintas, pero sea lo que sea lo sucedido la probabilidad de que se haya cumplido justamente eso y se haya hecho realidad es realmente infinita.

 

Y sin embargo ocurre. Porque algo, sea lo que sea, tiene que ocurrir.

Y ahora empezarán a llover ranas del cielo…

 

¡Pero claro es la opinión de Maricela y que en cierto sentido comparto!

 

 


[1] Maricela Rosales Camacho es Licenciada en Publicidad, visionaria de la vida a través de la sonrisa, esperando siempre ver el lado del cuál masca la iguana, una chica con suerte, escritora de historias románticas desde un punto de vista humorístico y cruel, del amor hacia la vida y lo cotidiano. Personaje principal del cual siempre se burla, ella misma. En proceso siempre de morfosis y fotosíntesis. Convive con sus amigos imaginarios a cada paso. 


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