Réquiem Aeternam


Réquiem Aeternam

 

Don Germán Dehesa

¡Luto!

Llegue a mi casa como de costumbre, reviso el periódico “Reforma”, esperando leer la habitual columna. Me niego a creer lo que dice. Hecho una vista rápida al noticiero y no lo creo, dicen “el hombre que escribió con humor”. Consulto la cuenta habitual de twitter y se me hacen irreales todos los comentarios. Googleteo y tampoco lo creo. Luego veo un noticiero deportivo, en donde Don José Ramón Fernández (amigo del alma del acaecido) lo confirma.

Estoy sentado acompañado de un viejo ensayo de Don Germán Dehesa, de un trago que se hace escaso, de un cigarrillo que se vuelve cenizas, de una lluvia que no mengua, de una sonrisa que trato de recordar. De pronto y de la nada, desde lo profundo… una lágrima. No recuerdo la última ocasión que me paso, incluso la pérdida de Monsiváis no menguó mi entusiasmo. Pero hoy los sentimientos afloran, la ternura embriaga mi trago, el dolor juega con el humo de mi cigarrillo y la desesperación se asoma en las gotas de lluvia, que no dejan de caer. ¡Uno se vuelve loco!

Confirmado por todos los medios que frecuento y en los que depósito mi confianza a menudo. Se ha ido Don Germán, el  día de hoy jueves 2 de septiembre de 2010, recuerdo que el miércoles pasado (25 de agosto), acudí a mi cuenta de twitter, entré y de pronto leo el twitter de Don Germán, de quién debo agradecer me agregara a su cuenta: “Gracias quiero dar al infinito laberinto de las causas y los efectos”, inmediatamente agregue el mensaje a mi tablero de favoritos. Sin saber, sin querer y sin ganas de creer, ese fue, el último mensaje de Don Germán. Luego ya no pudo escribir en su columna del periódico Reforma, ni apareció en sus habituales intervenciones en programas de radio, televisión y otros medios. Así es, se fue. Y es difícil de creer.

Don Germán Dehesa me metió en su vida y se metió en la mía. Recuerdo en un relato de otro tipo genial, que Don Germán en 1995, siendo ya un reconocido escritor, “se fue a las calles a vender su propio periódico, a causa de la huelga de los voceadores” me hubiera gustado ese día ser voceador junto a él. Adoraba su alma máter, conocía a detalle la vida política, historia, economía, desambiguaba muchos temas y hasta el deporte más populachero de todos tenía cabida en su vida. Acostumbraba sentarse en el palco junto al Rector de la magnífica UNAM, en los partidos de sus queridos Pumas y se alzaba con gozo en  canto del “goya”, le gustaba el fútbol americano y apoyaba a los Vaqueros de Dallas (única cosa, que le achacaré cuando nos reencontremos y lo conozca, ahí nos veremos ¿entendido?).

Su último programa y sus últimas palabras al aire fueron, con su acostumbrado tono ácido sentido del humor; “Yo tengo que guardar reposo por algunos días, pero muy pronto volveré a vestir mi uniforme azul y oro (de los pumas) y a sembrar el pánico por todas las canchas de la República. Ahí me los encontraré. Mañana nos vemos. ¿Entendido?”.

Lo recuerdo además, por su forma de cortejar a las chicas, no le importaba el lugar, el momento o frente a quién, mientras pudiera decir lo que sentía, nada le importaba, aún recuerdo su entrevista en “Shalalá” y el piropo para Doña Sabina Berman “Lo que te propongo, es un plan de vida, vámonos de acá… a la Iglesia”

Pero su forma de escribir, su connotado conocimiento de la política mexicana y mundial, su sarcasmo y la forma de ver la vida, fueron en mi opinión lo que catapulto su éxito y hoy motivo de luto, para los miles de tipos a los que nos ayudo a formar una opinión política y una forma de ver la vida. Quizá los mexicanos sean los que estén más dolidos, pero les diré que también a cientos de kilómetros, se siente igual. Desgaja el alma, el licor y el humo que circundan, les diré, no atisba el sentimiento.

A continuación un fragmento del texto publicado el 25 de agosto en el periódico Reforma, en el texto “El corazón y sus figuraciones”, cuando nos confeso su estado de salud y su cáncer intratable, que hasta esa fecha nos era secreto:

“Creo que no les he contado que estoy enfermo, seriamente enfermo. Tengo cáncer, pero hasta ahora la enfermedad no me ha producido ningún dolor insoportable. Trato de vivir sobre las puntitas de los pies, pues en mis delirios, imagino que si casi no hago ruido, la enfermedad no se va a percatar de mi presencia y me permita colarme a la vida que es a donde me gusta estar. Como quien dice, mi vida es casi secreta y su único nuevo rasgo que yo detecto es la impaciencia. Así pues, no tiene ningún sentido que me saluden de lejecitos, ni que me saquen la vuelta, ni ninguna patochada de ésas. Nadie tiene idea de cuándo será la terminación cronológica de mi vida, pero calcula la ciencia médica que esto ocurrirá hacia los finales de este año. Espero distribuir generosamente entre el personal médico billetes de muy alta denominación, de modo que este plazo se vaya ampliando, por lo menos, hasta 2020. Si se puede obtener más, ahi lo dejo en manos del gobierno. Tengo mucha confianza en que nuestra burocracia acuse recibo de la solicitud en 2018, lo cual nos da margen para seguir resollando. Lo que desde ahora les puedo asegurar es que, mientras pueda yo menear la pluma y no comience a decir puros despropósitos y marihuanadas, aquí me tendrán siempre a sus canijas órdenes y a sus pies, si no les rugen, como solía decir la inmortal Borola Tacuche de Burrón”.

Mi pésame para el pueblo mexicano y la humanidad. Ahora, quizá en este momento, Germán Dehesa recorre aquel infinito laberinto de las causas y los efectos. Vestido de Azul y de oro, gritando el “goya”

Francamente, ¡qué intolerable se nos hará la vida!

 

 

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