La vida de un afortunado


¡Qué canalla es la vida!

Es viernes por la tarde, falta quizá algo para que  el día sea sensacional, solo falta encontrarme para tomar café, fumar un tabaco y escribir versos con pasión, la santísima trinidad acuñaría Enrique Gómez Carrillo… ja…ha… que cosa,  y es que sentarse en una banca del Palacio del Ayuntamiento y disfrutar de la más variada música autóctona, ¡es genial!, por un lado el contraste de una guapa antigüeña vestida de forma más que coqueta, a su lado un tipo con una escueta barba que finge importarle cada uno de sus detalles, aunque la mayoría, hay que decir que los nota, juntos abrazando el atardecer… el crepúsculo se detiene por un instante en el reflejo de sus ojos café, en el recuerdo de algunos de los tipos que prefirieron quedarse antes de marcharse, queda del ocaso un manso de resplandores que iluminan por última vez el día, a lo lejos se oye el ángelus, se delinean dos de los increíbles senos de las cuatro sirenas de Quirio[i].

Suena frente a algunos curiosos “Juventud Antigüeña”, que alguna vez me perteneció y que ahora pasa, como los vientos que cubren el valle, como los suspiros que aún tengo cuando estoy a su lado, como la propia vida, que se va y no advierte, de pronto un curioso, saca a una chica a bailar, luego otro, sin advertir y  casi absorto, un anciano que en su canas cuenta alguna de sus fantásticas historias, invita a mi acompañante, desconcertado pero con un aire de pretensión veo como la música mueve su fantástico cabello, que se mueve como las olas en el mar, como las autenticas sandeces de Pedro Botero[ii] que me invitan a bailar a un ritmo que me es conocido, pero en el que advierto un gran sufrimiento… y en el  vaivén de sus pasos, me recuerda; que la vida, la vida es canalla. Y allí estoy, sentado, beodo de celos, escuchando unas magnificas notas, mientras la veo danzando al puro estilo de Elena de Troya, con una sonrisa a manera de una madona de Botticelli[iii], de pronto el caballero me agradece y por primera vez, en mucho tiempo advierto la nobleza de La Antigua Guatemala, por un momento comprendo y doy gracias a la canalla vida, de haberme permitido, hallarme en ese lugar, en ese momento, con la persona justa, que hace que la vida, valla lenta pero inevitablemente.

Suelta un sermón al tratar de encenderme uno de mis tabacos rojos y  de pronto la nobleza desaparece de sus encantadores ojos y me hace recordar a Carón[iv], tal cual un emblemático Lovecraft[v], luego un veneno invade todo mi cuerpo, como el Dante derrotado ante la acaecida Beatriz. Parece que nada me puede salvar, pero en cosa de fortunas, nadie podría contar mejores que las que a mí  me sucedieron.  Allí estoy callando todos y cada uno de sus improperios con un beso, que me quita el aliento y que casi me mata. Caminamos por las calles, los faroles están encendidos, paso por la casa de mis antiguos maestros Pepe Milla, Landivar, que me sigilan y en tono bajo, me dicen que ahora hay un museo, prefiero pensar que en sus aulas, algún día contaran de mi amor por ella y dirán;

Fue un hombre afortunado, nada le fue fácil…[vi]

Así de canalla es la vida, para un afortunado.

Sr. Yefrin M. Chávez López


[i] Quirio Cataño, famoso escultor. Autor del Cristo Negro de Esquípalas y la Fuente de las Sirenas.

[ii] Pedro Botero; el diablo

[iii] Sandro Botticelli. (Pintor Italiano), referida a la obra titulada “Nacimiento de Venus”.

[iv] Demonio, de la Divina Comedia, Citado por Dante

[v] Alusión a sus novelas,  jamás pude saber cómo han de terminar, sino hasta leerla.

[vi] Frase citada por primera vez por Sigmund Freud.

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