Una guerra, que los apasionados estamos dispuestos a perder.


Dijo un general norteamericano:

“Desprecio a los ejércitos actuales porque

no fuman. En Vietnam todos fumábamos. Hasta el enemigo”



Fumar, por le placer!

Hace unas semanas, uno de mis mejores amigos

ecidió enfrentarse al peor enemigo que uno pudiera querer oponerse (a él mismo), me sacudió con la sorpresa de haberse dispuesto hacerle la guerra a los cigarrillos, en su costumbre tan altruista decidió invitarme a tal y connotada batalla, por eso y quizá este post lo titule” una guerra, que los que somos apasionados estamos dispuestos a perder”, incluso sin empezar.

Y es que suena irrisorio, tanto que cuando creo que escribo, no lo hago y sin embargo fumo y rió, la profusión por esta pasión, hace que todo concurra en una tremenda alegría y se vierta un balde lleno de manjares inalcanzables para un ser que no acostumbra, esta angustiosa pero impetuosa pasión. Por supuesto que esto no cambia lo malo que es y lo malo que puede llegar a ser o que puede convertirse para la propia salud.

Recuerdo a una muy querida amiga, que en una tarde lluviosa de septiembre me menciono de tantos y tantos males que provoca esta pasión, investigo acerca de las relaciones con muchas otras enfermedades y como se agravan, tanto, que las describió y luego me las enseño en una lámina que aún guardo, me ánimo a iniciar mi propia batalla, luego de un tiempo mientras luchaba, paso algo muy raro, digamos que me canse de ser un experto en sus temas, me canse de hablar de amor y de no hacerlo. Y por lo tanto pronto me vi obligado a abandonar la batalla, así en palabras de Alejandro Zambra, había sido absurdo someterme a tal sufrimiento, había ganado una satisfacción muy falsa, así, que muy pronto debí, de nuevo, aprender a fumar y lo más duro, aprender a olvidarla… cosa que como notan, no ha sucedido, tampoco sucedió que aprendiera de nuevo a fumar, en realidad nunca lo olvide.

Pero esta historia no se trata de mí, se trata de mi mejor amigo, uno que en demostradas ocasiones ha arriesgado su vida por personas que no conoce, por personas que nunca le agradecieron y que sin embargo emprendió en una batalla solo, sin nadie que pudiera acompañarlo. Muchos decían que su batalla, siempre fue una batalla perdida, que volvería con el rabo entre las piernas para pedirnos fuego…

No sé que nos depara el destino, no creo en el destino, lo único que creo es que allí estaré a su lado para decirle que puede lograrlo, para animarlo a cruzar su propio Rubicón, adelante René, adelante, no hay comino que no puedas cruzar, no existe límite para tu gallardía y coraje que tantas veces has mostrado, no hay límite para ti, no debes entenderme, no debes entender al general del inicio de este post, solo debes entenderte.

¡Y por Dios, deja de fumar!

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